EL MIEDO QUE CAUSARON ESTOS PELEADORES EN CANELO ALVAREZ
En el boxeo, la línea entre la prudencia y el miedo suele ser tan delgada como un jab. Y para una parte de la afición, la carrera de Saúl "Canelo" Álvarez ha estado marcada por decisiones que alimentan la narrativa de que, cuando aparece un rival realmente peligroso, la negociación comienza a durar más que los propios combates.
El primer gran ejemplo fue Gennady Golovkin. Mientras el kazajo destruía a prácticamente todos los contendientes de peso medio, el combate con Canelo se fue aplazando durante años. Para muchos aficionados, el mexicano esperó el momento en que Golovkin comenzara a perder velocidad antes de aceptar el desafío. Cuando finalmente se enfrentaron, llegó la polémica: un empate que muchos consideraron inmerecido para Golovkin, seguido por un positivo de Canelo por clembuterol que retrasó la revancha y añadió todavía más controversia a una rivalidad que dividió al mundo del boxeo. En la segunda pelea, Canelo obtuvo una victoria por decisión mayoritaria, pero nuevamente con tarjetas que para muchos fueron demasiado cerradas.
Con el paso del tiempo apareció un nuevo nombre: David Benavidez. Invicto, agresivo y con un estilo incómodo, el "Monstruo Mexicano" comenzó a exigir la pelea que gran parte de la afición quería ver. Sin embargo, el combate nunca llegó. Entre diferencias económicas, declaraciones sobre que "no aporta nada", cambios de categoría y otros argumentos, la pelea siguió alejándose. Para sus críticos, cada explicación reforzó la idea de que el verdadero obstáculo no era el contrato, sino el riesgo.
Después apareció Dmitry Bivol. A diferencia de otras ocasiones, la pelea sí ocurrió... y el resultado cambió la conversación. Bivol dominó ampliamente a Canelo durante doce rounds, exhibiendo una superioridad técnica y física que dejó al mexicano sin respuestas. Desde aquella derrota, la revancha ha sido mencionada en varias ocasiones, pero nunca se ha concretado. Para quienes cuestionan la gestión de su carrera, ese combate se convirtió en el recordatorio de un rival al que preferiría no volver a enfrentar.
La situación con Artur Beterbiev tampoco ha escapado a las críticas. A pesar de tratarse de un campeón de mayor edad, reconocido por su extraordinario poder de nocaut, Canelo nunca mostró un interés real en enfrentarlo. Mientras algunos interpretan la decisión como una elección lógica de carrera debido a la diferencia natural de tamaño, otros sostienen que simplemente era un riesgo demasiado alto.
Y ahora el debate vuelve a encenderse con Terence Crawford. El estadounidense dio el salto de división para buscar una pelea histórica frente a Canelo, una apuesta que muchos consideran extremadamente ambiciosa. Sin embargo, tras el resultado de ese enfrentamiento, ya hay aficionados que ponen sobre la mesa una nueva pregunta: ¿existirá una revancha o ese capítulo quedará cerrado para siempre? Los críticos sostienen que una segunda pelea sería un riesgo que el mexicano preferiría evitar, mientras que sus seguidores argumentan que ya no tiene nada que demostrar después de haber construido un legado como campeón en cuatro divisiones.
Al final, la respuesta probablemente depende del cristal con que se mire. Para unos, Canelo ha sabido administrar una carrera multimillonaria enfrentando a grandes nombres cuando las condiciones le resultan favorables. Para otros, cada rival incómodo que tarda en llegar, cada revancha que no se concreta y cada negociación interminable alimentan una percepción difícil de borrar: que incluso las mayores estrellas del boxeo también pueden tener rivales que prefieren mantener a distancia.
