EL SISTEMA DEFENSIVO DEL MAROMERO PAEZ.
Jorge “El Maromero” Páez tenía un sistema defensivo tan peculiar que, si lo veía un entrenador ortodoxo, le daba un infarto… y luego pedía repetir la escena en cámara lenta.
Mientras otros boxeadores levantaban la guardia, estudiaban ángulos y medían distancia, Páez parecía estar decidiendo si esquivar un golpe… o ponerse a bailar. Sus rivales lanzaban jabs como si fueran tareas urgentes, y él contestaba con cabeceos, giros y maromas dignas de un cirquero jubilado que se rehúsa a dejar el escenario.
Al final, sus rivales salían frustrados, el público salía feliz… y Páez salía sonriente, como si hubiera pasado más tiempo divirtiéndose que boxeando. Así era él: un defensor nato, un artista del ring, y el único hombre capaz de burlar un gancho… mientras hacía reír a medio mundo.
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