"¡Yo también le pegué a Chávez!" El sparring que Oscar De La Hoya asegura que México nunca le perdonó
Hay derrotas que pesan. Pero también hay victorias que jamás son perdonadas. Y para Oscar De La Hoya, vencer dos veces a Julio César Chávez no solo le dio fama mundial... también lo convirtió, para muchos aficionados mexicanos, en el hombre que destronó al ídolo más querido del país.
Pero años antes de esas dos peleas oficiales, ya había ocurrido un combate secreto. Uno sin jueces, sin cámaras y sin cinturones. Un sparring que, según el propio De La Hoya recordó en un podcast, terminó convirtiéndose en una de las experiencias más intensas de su juventud.
Todo ocurrió cuando Chávez se preparaba para enfrentar a Meldrick Taylor, en la histórica pelea de 1990. El joven Oscar fue invitado como compañero de entrenamiento para ayudar al campeón mexicano a afinar su velocidad y reflejos.
Sin embargo, el muchacho de apenas veinte años no llegó al gimnasio con la intención de sobrevivir... llegó dispuesto a demostrar que pertenecía a la élite.
De La Hoya cuenta que durante varios intercambios logró conectar con claridad a Julio César Chávez, metiéndole las manos al campeón en distintas ocasiones. Para un joven prospecto aquello era una señal de que podía competir con el mejor libra por libra del momento.
Pero había un problema.Frente a él no estaba cualquier campeón.
Estaba Julio César Chávez.
Y Chávez no aceptaba que un novato lo hiciera lucir mal, ni siquiera durante un entrenamiento.
Según recuerda De La Hoya, el campeón mexicano cambió el ritmo del sparring. La intensidad aumentó de inmediato. Chávez dejó de boxear con calma y comenzó a caminar hacia él con esa presión asfixiante que lo convirtió en leyenda.
Hasta que llegó el castigo.
Una poderosa mano derecha explotó sobre el rostro del joven Oscar.
El golpe fue tan limpio que lo envió directamente a la lona.
Era la respuesta del campeón.
Era la manera de recordar quién mandaba dentro del gimnasio.
Años después, De La Hoya relató la anécdota entre risas, reconociendo que aquel derechazo fue una auténtica lección. Sin embargo, también dejó una frase que refleja una espina que aún parece llevar clavada.
"Nunca me reconocieron ese sparring."
Para Oscar, aquella sesión demostró que podía competir de tú a tú con Chávez incluso antes de convertirse en campeón mundial. Pero la historia nunca fue contada desde su perspectiva.
Y cuando finalmente llegó el momento de enfrentarse oficialmente, el desenlace tampoco ayudó a cambiar la percepción.
En 1996 derrotó a Julio César Chávez por nocaut técnico.
Meses después volvió a vencerlo.
Dos triunfos oficiales sobre el máximo ídolo del boxeo mexicano.
Sin embargo, para una gran parte del público, aquello nunca fue suficiente.
De La Hoya asegura que existe una razón muy clara.
"El pueblo de México no me perdona haberle ganado al gran campeón."
Una frase que resume décadas de división entre los aficionados.
Porque mientras unos consideran que simplemente fue el relevo generacional que derrotó a un Chávez ya desgastado por los años y las guerras, otros creen que nunca recibió el reconocimiento que merecía por vencer a una leyenda viva.
Quizá esa sea la verdadera paradoja de Oscar De La Hoya.
Ganó el sparring, según su versión.
Ganó dos peleas oficiales.
Ganó campeonatos mundiales.
Entró al Salón de la Fama.
Pero hay una batalla que, para muchos, nunca pudo ganar.
La del corazón de una afición que ya había elegido a su campeón mucho antes de que sonara la primera campana.

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