En la madrugada del **primero de febrero de 2026**, el boxeo mexicano perdió a uno de sus viejos guerreros. El ex campeón nacional de peso gallo, Julio Coria Morales*, falleció sin que hasta el momento se haya confirmado la causa de su muerte.
La noticia no llegó por comunicados oficiales ni grandes titulares, sino por el lugar donde hoy habitan los recuerdos: **sus redes sociales**, especialmente Facebook, donde seguidores, amigos y viejos aficionados comenzaron a despedirlo con mensajes cargados de cariño, respeto y nostalgia.
Julio Coria fue un boxeador forjado en otra época.
Su nombre resonó con fuerza durante los **años setenta**, cuando el boxeo mexicano se vivía entre arenas llenas de humo, noches largas y peleadores sin red de protección. Compartió escenarios, gimnasios y vida con hombres a los que llamó amigos: **Ricardo “El Pajarito” Moreno**, el **Toluco López**, y el legendario **Rubén “Púas” Olivares**. No solo compañeros de parranda, sino de sudor, golpes y respeto dentro del ring.
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| TRES AMIGOS E IDOLOS CON LOS QUE CONVIVIO |
Coria fue parte de la **época de oro del boxeo mexicano**, un peso gallo técnico, talentoso y valiente, que se midió con los mejores durante más de **20 años como profesional**.
Debutó en la **Arena Coliseo de la Ciudad de México** frente a Marcelino Luna, de Guadalajara, en una era donde **Televisa** llevaba el boxeo a los hogares y construía ídolos a base de constancia y sacrificio.
Su ascenso fue rápido. Primero, como figura habitual de las **carteleras de los miércoles**, y después en el horario estelar de las **“Estrellas de Sábado”**, cuando no había concesiones ni marketing, cuando los peleadores se ganaban su lugar a golpes y carácter.
No había redes sociales. No había protección. Solo talento… o el olvido.
El propio Julio Coria siempre fue claro: **no estuvo apadrinado**.
No tuvo managers que le cuidaran la carrera ni promotores que eligieran rivales cómodos. Muchas veces viajaba fuera de la capital sin saber que enfrente tendría a un **ex campeón mundial**, a un **campeón nacional**, o incluso a peleadores fuera de su división.
Era carne de cañón en un sistema despiadado.
Relató amenazas, engaños, básculas alteradas, viáticos retenidos.
Aceptaba porque ya estaba ahí. Porque necesitaba el dinero. Porque el boxeo no perdona dudas. Y en Estados Unidos —decía— la batalla era doble: arriba del ring y contra el **racismo**, las preferencias y las trampas silenciosas.
Vendajes irregulares. Sustancias en las vendas. Guantes alterados.
Lo veía. Lo sabía. Pero no podía denunciar. Los padrinos protegían a los suyos.
La necesidad y la presión lo obligaban a aceptar condiciones injustas, incluso —confesó— propuestas para dejarse caer por dinero.
“La necesidad”, decía con una sonrisa amarga, “la necesidad te orilla”.
En los años ochenta llegó a cobrar **hasta 20 mil pesos por pelea**, una fortuna para la época. Como muchos ídolos del boxeo mexicano, tomó el camino de la **bebida y la vida nocturna**, gastando sin pensar en el mañana.
Se retiró sin dinero, pero antes cumplió lo más importante: **compró una casa para su madre y para sus hijos**. El resto se fue en alcohol, falsas amistades y noches interminables.
Con el tiempo, Julio Coria encontró refugio en la **fe cristiana**.
Agradeció a Dios —a Jehová y a Jesucristo— por devolverlo al camino.
Se convirtió en entrenador, formador y guía de jóvenes en gimnasios como **Tepito Kid Azteca**, en **Santa Fe**, **Álvaro Obregón** y **Tepito**, lugares que siempre llamó sus casas, su familia.
Tras el retiro, llegaron las secuelas.
Golpes que no se ven. Noches orinando sangre. Dolores de cabeza insoportables. Lagunas mentales. El cuerpo cobrando facturas que el boxeo nunca perdona.
Su récord habla de su valentía: **36 peleas profesionales**, **34 victorias**, **4 derrotas**. Venció a dos ex campeones mundiales, entre ellos el filipino **Ernie de la Cruz** y el japonés **Sudai Yukoki**. Su oportunidad titular llegó ante el africano **Bob Allotey**, una pelea brutal que marcó el principio del final.
Ya fuera del ring, aprovechó su fama para participar en el cine mexicano, con apariciones en películas como **“Torito Puños de Oro”**, **“Ángel del Barrio”** y **“San Juan de Dios es Jalisco”**, compartiendo créditos con figuras del boxeo y del espectáculo.
Julio Coria amó el boxeo hasta el último día.
Sus ojos brillaban al contar anécdotas, al recordar peleas, al hablar de los hombres con los que compartió ring y vida. Siguió enseñando, opinando, asistiendo a homenajes y eventos, hasta que en 2026 dio su último suspiro.
Quizá no tuvo los reflectores de otros campeones.
Pero **sobrevivió a una época salvaje**, dejó enseñanza, carácter y legado. Vivió el boxeo con orgullo, con amor… y con cicatrices.
**Descanse en paz, Julio Coria Morales.**
Hasta siempre, campeón. 🥊