¿200 millones de dólares... o el precio del "valor"? 🥊
Dicen que todo tiene un precio, pero al parecer algunos también le ponen precio al coraje.
La historia sería más o menos así: cuando aparece David Benavídez, de repente ya no basta una bolsa millonaria. Ahora hacen falta 200 millones de dólares, un estadio lleno, una luna llena, el viento a favor y, si es posible, que el rival llegue con una mano amarrada.
La negociación deja de parecer un contrato de boxeo y empieza a parecer la compra de un país entero.
Lo curioso es que cuando el rival no representa un riesgo tan grande, las cifras parecen mucho más razonables. Pero cuando enfrente está un peleador joven, grande, con presión constante y hambre de triunfo... el precio se dispara como si estuvieran cotizando oro.
Claro, siempre habrá quien diga que son solo "negocios". Y es verdad: el boxeo también es un negocio. Pero llega un punto en que la línea entre hacer negocios y EVITAR un combate empieza a verse demasiado delgada.
Si realmente no existe miedo, ¿por qué poner una barrera económica que prácticamente hace imposible concretar la pelea?
Al final, la mejor respuesta nunca sale en una conferencia de prensa ni en una entrevista. La mejor respuesta siempre está sobre el ring.
Porque el dinero compra muchas cosas... pero nunca podrá comprar la credibilidad que se gana enfrentando al rival que todos quieren ver.
