LA EXPERIENCIA DE CANELO ÁLVAREZ VENCE A UN JOVEN MUNGUIA.
En la pelea entre Canelo Álvarez y Jaime Munguía, hubo algo que se notó desde los primeros minutos: la diferencia entre juventud y experiencia. Munguía salió con hambre, con ese fuego que tienen los guerreros que quieren demostrar que ha llegado su momento. Pero frente a él, estaba un hombre que ya ha pasado por todas las guerras, que conoce el ritmo del peligro… y sabe esperarlo. Canelo no corrió, no se escondió. Se plantó firme, con la guardia alta y la mirada fría. Cada vez que Munguía soltaba sus combinaciones, Canelo las leía como si estuviera viendo una película en cámara lenta. Un leve movimiento de cintura, un paso corto atrás… y ¡bam! el contragolpe exacto, seco, medido, sin desperdicio. Fue la clase de pelea donde la experiencia se impone sin gritar. Mungia atacaba con corazón, pero Canelo respondía con inteligencia. Cada gancho al hígado, cada upper al contragolpe, era una lección silenciosa de tiempo y precisión. A medida que avanzaban los asaltos, el ímpetu de Mungia fue bajando, y el dominio de Canelo se volvió evidente. No necesitaba lanzar mucho: con un golpe, hacía más daño que su rival, con cinco. Esa es la diferencia entre quien apenas construye su historia… y quien ya la escribió con sangre, sudor y gloria. Esa noche, Canelo no solo ganó con poder. Ganó con sabiduría. Con la experiencia de un boxeador que ha aprendido que, en el cuadrilátero, a veces el que espera… es el que termina mandando.