THE MASTER OF COMBINATIONS ▬ JUAN MANUEL MARQUEZ.
Juan Manuel Márquez no combinaba golpes por volumen ni por espectáculo: los combinaba con intención quirúrgica. Cada secuencia tenía sentido, inicio y remate, como una frase bien construida dentro del ring.
Su mayor virtud era el timing. Márquez no lanzaba combinaciones al azar; esperaba el error mínimo del rival y, en ese instante, soltaba ráfagas cortas pero precisas. Un jab para medir, el recto de derecha para abrir guardia y el gancho o upper como punto final. No eran cuatro o cinco golpes sin orden: eran tres golpes exactos, colocados en el momento justo.
Sabía variar alturas y trayectorias. Podía empezar arriba y terminar abajo, o fingir al cuerpo para castigar al rostro. Eso desarmaba defensas, confundía reflejos y obligaba al rival a dudar. Mientras otros peleadores lanzaban combinaciones por inercia, Márquez lo hacía por lectura.
Además, su capacidad para contragolpear en combinación lo hacía letal. No respondía con un solo golpe, respondía con secuencias completas. Esquivaba, daba un paso corto y descargaba dos o tres impactos limpios antes de volver a salir. Por eso parecía que siempre llegaba primero, incluso cuando reaccionaba después.
Juan Manuel Márquez fue un gran combinador porque entendía que el boxeo no es solo pegar, sino pensar golpeando. Cada combinación era un castigo, una corrección y, muchas veces, una sentencia.